El método elegido sería mediante unas enormes chimeneas transportadas en barco, de los que se necesitarían al menos dos docenas –que aumentarían si se eleva las temperaturas del nivel del mar–, como apunta Gadian, «para poder optimizar la cobertura. A nivel experimental esto nos llevaría como unos seis meses, aunque para poder obtener resultados reales ya nos alargamos hasta dos años. Las chimeneas expulsarían unos 30 litros por segundo en forma de espray para formar las masas de vapor acuoso».
Los ciclones tropicales característicos del mar Caribe se fortalecen gracias a las temperaturas por arriba de los 26 grados centígrados, las alimentan con calor y humedad hasta formar fenómenos tan devastadores como Sandy. El interés por comprender y, si fuera posible, evitar los daños han lanzado a la NASA a crear un cuerpo de vigilancia especial (los drones del proyecto HS3) para tomar datos durante la temporada de huracanes en el Atlántico, es decir, desde agosto hasta octubre.