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Visitas

domingo, 24 de marzo de 2013

El Aquarium se fija en la innovación


El Aquarium de San Sebastián, en colaboración con la empresa alavesa Biomimetiks, ha presentado hoy una nueva visita bajo el nombre “una historia biomimética en el Aquarium”. En ella se pueden conocer ejemplos de sistemas de comunicación, materiales inteligentes o avanzados diseños aerodinámicos basados en la dinámica de la vida animal bajo el mar.
Todos los diseños que se muestran en el Aquarium han sido fundamentados en la vida marina. Algunos de los modelos que hoy en día se aplican en ingeniería, arquitectura o informática, están basados en los movimientos de algunas de las especies que se encuentran bajo el mar. El Aquarium muestra, por ejemplo, un coche creado a partir de la línea aerodinámica del pez cofre. Estos principios se aplican para apostar por la creatividad y la innovación.
Según han indicado los responsables del Aquarium, la visita está dirigida a personas mayores de 12 años.

Rumbo a la pardela cenicienta

La barca saltaba sobre las olas rociando de espuma a los que se habían acomodado en la proa prometiéndoselas muy felices. Una periodista estaba verde. No la ayudaban a vencer el mareo los penetrantes efluvios que venían de popa, donde un miembro de la expedición arrojaba pescado al mar como cebo, en la más pura (e inquietante) tradición de Tiburón. Pero esto no era la embarcación Orca del capitán Quint ni el propósito de la salida dar caza a un terrible depredador sino la lancha Ula y una excursión organizada por la Sociedad Española de Ornitología (SEO/ BirdLife) para avistar ayer en aguas catalanas la pardela cenicienta (Calonectris diomedea), declarada a la sazón "ave del año 2013" y de regreso a nuestras costas tras migrar por África y Sudamérica.

La tal pardela, de la que ha hecho su bandera la SEO, se mostraba esquiva y no acudía a su presentación oficial, la muy pájara. Subía la fuerza del viento y la facción menos marinera del pasaje sufría en silencio, con los prismáticos al cuello, sin atreverse a usarlos. No era el caso desde luego del nutrido grupo de ornitólogos y birdwatchers a bordo (entre ellos Francesc Kirchner, el dueño de Oryx, la tienda paraíso de los naturalistas), que disfrutaban de lo lindo, corrían a babor y estribor sin parar de señalar y contaban sus pajariles batallitas como si estuvieran en un prado y no en tan inestable y espumeante plataforma de observación.

La singular convocatoria, salir a navegar un jueves laborable para ir a ver aves marinas, prometía y no podía dejar de estar —feliz conjunción de barco y pájaros— bajo la advocación de Stephen Maturin, el naturalista de las novelas marinas del añorado Patrick O'Brian. De hecho, a bordo alguien llevaba secretamente el libro póstumo de la serie, como homenaje, junto a un gorro tipo Nelson y un viejo catalejo.

Zarpamos del puerto de Mataró a las 11 y en seguida se vio que aquello no iba a ser fácil. El mar estaba lleno de cabrillas y la lancha cabalgaba como un potro embravecido. Al dirigirnos mar adentro pudieron verse las primeras caras de duda y aprensión. Seguíamos sin atisbar nada, pero es que a duras penas podías estar de pie sin agarrarte a algo. Y entonces, Jordi Sargatal, nuestro legendario ornitólogo, el hombre que salvó los Aiguamolls de l'Empordà, miembro de la junta directiva de SEO, gritó: "¡Dos alcas!". La mitad del pasaje se lanzó a estribor a mirar y la otra nos concentramos en la hoja de identificación de aves marinas que nos habían proporcionado, pensando algunos que más nos hubiera valido un chaleco salvavidas. Apenas entrevistas las alcas, Sargatal (un hombre que ha visto 6.000 de las 10.000 especies de aves del mundo, “es como un virus”) ya reclamaba nuestra atención sobre un grupo de gaviotas enanas, y sin solución de continuidad señalaba una cabecinegra saludándola con un inesperado "¡guapa!".

sábado, 16 de marzo de 2013

Marte pudo ser habitable


El Curiosity ya ha cumplido. Su objetivo más aireado era averiguar si el planeta rojo pudo alguna vez, en el pasado, ser un entorno apto para la vida. Y los científicos, a la vista de los análisis de las primeras muestras extraídas agujereando la roca, lo tienen claro: “Por lo que sabemos ahora, la respuesta es sí”. La NASA afirma que “Marte pudo albergar microbios”. Sería hace, al menos, 3.000 millones de años.
Las pruebas llegan de la mano de la química, ya que los análisis realizados en el laboratorio rodante allí mismo dan como resultado la presencia de azufre, nitrógeno, hidrógeno, oxígeno, fósforo y carbono en unas muestras de polvo. Esos elementos químicos son algunos de los ingredientes clave de la vida. El Curiosity extrajo el polvo el mes pasado realizando una perforación de 6,4 centímetros de profundidad en una roca del lecho de una antigua red de canales que descienden desde el borde del cráter Gale, que está explorando desde que llegó en agosto del año pasado. Los miembros de la misión han bautizado la zona bahía de Yellowknife
Los análisis de minerales muestran que, en el pasado, del planeta rojo hubo múltiples períodos de humedad. De hecho, los datos que han presentado los investigadores de la misión indican que “la zona que está explorando el Curiosity es el extremo de un sistema fluvial o un lago intermitente que pudo haber proporcionado la energía química y otras condiciones favorables para microorganismos”, señaló la NASA en un comunicado. El entorno, a diferencia de otras zonas de Marte no está ni extremadamente oxidado ni es muy ácido o muy salado.
“Los minerales arcillosos suponen al menos el 20% de la composición de esta muestra”, explicó David Blake, responsable del analizado químico CheMin del Curiosity. Estos minerales son producto de la reacción de agua relativamente dulce con minerales ígneos, como la olivina, que también está presente en el sedimento.
En resumen, el lugar pudo ser un buen lugar para la proliferación de microorganismos, con agua y minerales de los que obtener energía.
Pero el Curiosity no ha encontrado hasta ahora ningún compuesto orgánico complejo, como aminoácidos (los bloques de construcción de las proteínas), aunque para los científicos no es de extrañar dado que esas moléculas se degradan fácilmente y es muy difícil detectarlas, informa Space.com.
Los especialistas de la misión señalaron que estaban pendientes de hacer más análisis de otras muestras extraídas en la perforación para confirmar los resultados. Pero las operaciones científicas del Curiosityestán ahora suspendidas debido a un problema surgido en la memoria del ordenador principal del vehículo. De momento, está funcionando de reserva. Los ingenieros planean solucionarlos en breve. De cualquier modo, aunque el Curiosity retome su funcionamiento normal, las perforaciones en el suelo marciano no se reanudarán hasta el próximo mes de mayo, ya que durante abril, las posiciones relativas de Marte y la Tierra dificultarán las comunicaciones con el vehículo.
Pese al interesante resultado obtenido con los análisis químicos, elCuriosity está diseñado para funcionar al menos un año marciano en el planeta vecino, casi dos años terrestres. Y los científicos consideran que no han hecho más que empezar: “Es una misión de descubrimiento y exploración y, como equipo, sentimos que tenemos por delante muchos más descubrimientos emocionantes en los próximos meses y años”, dijo ayer John Grotzinger, jefe científico de la misión. El plan es seguir trabajando en la misma zona unas semanas antes de ordenar alCuriosity que emprenda la larga excursión a las estribaciones del monte Sharp, que está en el centro del cráter Gale, y en las que se fijaron los investigadores desde que vieron las primeras imágenes que tomó y envió el laboratorio rodante al llegar.

La vegetación se desplaza hacia el Norte por el calentamiento global

 La vegetación de extensos territorios boreales y del Ártico se ha extendido en los últimos 30 años hacia el Norte, entre 400 y 700 kilómetros (entre cuatro y seis grados) más al Sur. Es el efecto del cambio climático: las temperaturas de la superficie terrestre suben, la estación de crecimiento de las plantas es más larga y la vegetación se extiende hacia terrenos en los que antes no podía proliferar. Un equipo internacional ha hecho el seguimiento de este proceso desde 1982 hasta 2011, con la ayuda de datos tomados desde satélite, y muestra cómo las plantas han conquistado con un crecimiento vigoroso extensos terrenos, más de nueve millones de kilómetros cuadrados (aproximadamente la extensión de Estados Unidos).

“Las latitudes altas del Norte están siendo más templadas, el hielo del océano Ártico y la duración de la cubierta de nieve está disminuyendo, la estación de crecimiento de las plantas está alargándose”, resume Ranga Myneni, científico de la Universidad de Boston y uno de los autores de la investigación, que se publica en la revista Nature Climate Change. “En el Ártico y en las áreas boreales, están cambiando las características de las estaciones, lo que conduce a grandes perturbaciones para las plantas y para los ecosistemas relacionados con ellas”. En la investigación, financiada por la NASA, participan 21 especialistas de 17 instituciones de siete países.
Los científicos, liderados por Liang Xu (Universidad de Boston), han estudiado la relación entre los cambios en la temperatura y el crecimiento de la vegetación desde 45 grados de latitud Norte hasta el Ártico. El territorio cada vez más verde se aprecia en el suelo por el aumento de los arbustos de cierta altura y de los árboles en vastas regiones de todo el Ártico circunpolar, siendo un proceso más acusado en Eurasia que en Norteamérica. Del territorio septentrional con vegetación (26 millones de kilómetros cuadrados), entre el 34% y el 41% muestra aumento del crecimiento de las plantas, mientras que disminuye entre el 3% y 5%, y no se aprecian cambios en los últimos 30 años entre el 51% y el 62% del territorio.
Los científicos achacan el proceso al llamado efecto invernadero amplificado: “El efecto invernadero empieza por el aumento de las concentraciones en la atmósfera de los gases que atrapan el calor, como el vapor de agua, el dióxido de carbono y el metano, provocando el calentamiento de la superficie de la Tierra y del aire a baja altura”, explica Myneni. “El calentamiento provoca una reducción de la extensión del mar congelado y de la cubierta de nieve en los territorios que rodean el océano Ártico, de manera que aumenta la energía solar absorbida por esa superficie que ya no es reflectante. Esto dispara un ciclo de reforzamiento positivo entre el calentamiento y la pérdida de hielo marino y nieve, amplificando así el efecto invernadero de base”. Y puede amplificarse más aún en el futuro a medida que el suelo se descongele en el Norte y emita cantidades potencialmente significativas de dióxido de carbono y metano.

Un satélite ruso, destruido al chocar con un fragmento chino de basura espacial


EL BLITS es un pequeño satélite de siete kilos y medio, una bola con una superficie reflectante que Rusia puso en órbita en 2009, a 832 kilómetros de altura, para hacer experimentos con láser desde la Tierra. Funcionaba perfectamente hasta el pasado 22 de enero. Dos científicos del Instituto de Ingeniería de Instrumentos de Precisión, en Moscú, se dieron cuenta, el 4 de febrero, de que la órbita del artefacto era más baja (120 metros) de lo debido y había cambiado su rotación y su orientación. ¿Qué había pasado? Analizaron los últimos datos y determinaron que el súbito cambio de parámetros se había producido un par de semana antes, llegando a la conclusión de que podía deberse al choque con un fragmento de basura espacial, precisamente en esa órbita terrestre baja tan poblada de restos de aparatos espaciales. Los datos del Sistema de Vigilancia Espacial estadounidense desvelaron que precisamente el 22 de enero estaba muy cerca del BLITS un fragmento del satélite chino Fengyun 1C, que, ya fuera de servicio, fue destruido en el espacio en 2009 con un misil lanzado por Pekín en un ensayo. Se calcula que la velocidad relativa entre el satélite ruso y el fragmento de basura espacial en el choque era de 9,676 kilómetros por segundo.
El viejo artefacto meteorológico chino, de 750 kilos, fue destruido a 865 kilómetros de altura y, si la prueba fue un éxito como sistema antimisiles, se convirtió en un auténtico desastre para los aparatos en órbita: generó unos 950 fragmentos de basura espacial de 10 centímetros o mayores y más de 35.000 pequeñas piezas, todos ellos formando una nube muy peligrosa que se extiende desde 200 a 3.850 kilómetros de altura. Suponen una amenaza incluso para la Estación Espacial Internacional, que más de una vez ha tenido que maniobrar para evitar uno de los trozos generados en el ensayo del misil contra el Fengyun 1C.
Los científicos rusos creen que el BLITS, que se utilizaba para investigaciones de geofísica y de geodinámica, ya no se puede seguir con láser, según informa Spaceflight. Seguramente ha resultado seriamente dañado en el choque con el fragmento de basura espacial y ha podido partirse en dos; el mismo Servicio de Vigilancia Espacial de EE UU ha localizado una pieza que probablemente es del nanosatélite ruso. Estaba formado por dos esferas, una dentro de otra y la mitad de la exterior (de 17 centímetros de diámetro) estaba recubierta con una capa reflectante. Así, el satélite devolvía en pulsos cortos las emisiones laser que se apuntaban hacia él desde estaciones en tierra. Los científicos lo utilizaban para estudiar el campo gravitatorio terrestre y las variaciones estacionales en la altura de la atmósfera, para trazar mapas de la superficie de los océanos e incluso para estudiar el interior del planeta.
La nube de basura espacial que rodea el planeta contiene, según laNASA, 500.000 objetos más grandes que una canica y 22.000 mayores que una pelota de beísbol.

El genoma de la tenia revela sus puntos flacos para combatirla


La tenia y otros gusanos con forma de cinta (cestodos) como los que causan los quistes hidatídicos y la cisticercosis infectan el hígado y otros órganos vitales, pueden persistir en estado latente durante décadas y dan cuenta de dos de las 17 dolencias definidas por la OMS como “enfermedades tropicales abandonadas”, debido a la virtual ausencia de tratamientos eficaces. Su genoma revela que carecen de muchos sistemas biológicos básicos, sugiriendo de inmediato una serie de estrategias farmacológicas para matarlos.
Un consorcio internacional de científicos coordinados por Matthew Berriman, del departamento de genómica de parásitos del Instituto Sanger Wellcome Trust de Cambridge, Reino Unido —uno de los nodos del proyecto genoma público—, sienta hoy en Nature los cimientos del género al secuenciar (leer las letras del ADN tgcttggga…) los genomas de cuatro gusanos parásitos claves. Los cestodos se contaron entre los primeros parásitos identificados en el ser humano, y fueron aludidos ya por Hipócrates y Aristóteles hace 2.300 años.
Sin duda el más famoso es la tenia (Taenia solium), o solitaria, el desmesurado habitante ocasional del intestino humano, en cuyo interior clava sus garfios para generar una secuencia interminable de segmentos (o progótidos, en la jerga, lo que suena aún mucho peor) que alcanza con facilidad los cuatro metros de longitud, y a veces muchos metros más. Cada proglótido, para colmo, alberga aparatos reproductores de ambos sexos, lo que lo convierte en un sistema virtualmente autónomo. Un infierno dentro de las tripas.
Pero los demás cestodos secuenciados también tienen su interés. Si la tenia infecta a los humanos a partir del cerdo, hay otros dos gusanos del mismo género, Echinococcus multilocularis y Echinococcus granulosus, que nos llegan a partir del zorro y del perro, respectivamente. Ambos producen la hidatidosis, o enfermedad del quiste hidatídico, en que las larvas migran desde el intestino por la sangre y el circuito linfático hasta establecerse en los músculos y los nervios, donde puede permanecer latente por décadas.
La tenia y sus primos con forma de cinta son animales como nosotros, pero que al adaptarse al estilo de vida parasitario han perdido buena parte de los sistemas biológicos que constituyen el acervo común de los animales, y que existen desde nuestros orígenes precámbricos, hace unos 600 millones de años.

El Arqua espera exponer el tesoro de ‘La Mercedes’ tras el verano


Habrá que esperar hasta finales del verano. Lo que al fin y al cabo, comparado con los dos siglos que ha durado esta historia, tampoco es mucho. Pero por fin, en unos meses, una parte del tesoro de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes será expuesta al público.
Así lo ha dejado entender hoy Xavier Nieto, director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena (Arqua), en la inauguración del I Congreso de Arqueología Náutica y Submarina, que se celebra hasta el sábado en la misma ciudad.
Nieto aseguró que siete técnicos del Arqua, especialistas en restauración de restos arqueológicos submarinos, están trabajando en la recuperación de todo el patrimonio que contenía la fragata (600.000 monedas de oro y plata y más objetos de valor). Tras reunirse con 11 expertos, los técnicos llegaron a la conclusión de que las piezas no pueden ser limpiadas una a una, sino que había que hacerlo por grupos, con procesos distintos según los problemas de cada categoría. De la rapidez de estos trabajos depende que parte de las monedas se puedan efectivamente mostrar a finales de verano.
“Es una satisfacción enorme”, asegura Mariano Aznar, catedrático de derecho internacional público en la universidad Jaime I de Castellón. Más aún, ya que Aznar asesoró y aconsejó a España para llevar el caso ante el Tribunal Internacional del derecho del Mar y siguió el asunto desde su origen.
El contemporáneo, obviamente. Porque para hallar el big bang real del caso hay que remontarse hasta el 5 de octubre de 1804, el día en el que la Mercedes se hundió, en la batalla del cabo de Santa María. Dos siglos después, concretamente en 2007, la empresa estadounidense Odyssey Marine Exploration, una compañía con sede en Tampa (Florida) y especializada en la búsqueda de pecios submarinos, halló el barco frente a las costas del Algarve. Y se llevó su valioso cargo a EE UU. A partir de ahí se desencadenó un proceso judicial hecho de recursos y contrarecursos que finalmente llegó hasta el Supremo de EE UU, para rematar la conclusión que ya otros tribunales del país habían confirmado antes: ese patrimonio es español. Y a España volvió, en febrero del año pasado.
“Judicialmente el caso es un ejemplo. Ha sentado un precedente ymuchos cazatesoros se lo pensarán antes de ir a reclamar ante un tribunal” por su botín, relata Aznar. El profesor añade que también fue la primera vez que España se personó ante una corte extranjera para reclamar su patrimonio cultural subacuático. Así, por cierto, señala el catedrático que habría que llamar a los restos arqueológicos de valor que yacen bajo el mar: “El término tesoro transmite el concepto de monetizar”.