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lunes, 1 de abril de 2013

En el cerebro con alzhéimer hay menos sinapsis neuronales


Los contactos entre neuronas (sinapsis) con cinco veces menores en las zonas del cerebro que sufren alzhéimer, según revela un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que publica la revista Journal of Alzheimer’s Disease.

Los cerebros humanos afectados por la enfermedad de Alzheimer se caracterizan por presentar regiones con ciertas estructuras patológicas asociadas a la dolencia, como las placas amiloides. Una investigación liderada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) acaba de demostrar que el número de contactos sinópticos entre las neuronas de estas zonas son hasta un 83% menores que en aquellas alejadas de la influencia de estas estructuras.

El hallazgo, publicado en el número de marzo de la revista Journal of Alzheimer’s Disease, se ha realizado con reconstrucciones en tres dimensiones elaboradas a partir de muestras de diferentes regiones cerebrales de cinco donantes que padecieron en vida la enfermedad de Alzheimer. Los resultados, además de mostrar una notable disminución de sinapsis en las regiones afectadas, señalan que, en estas últimas, la distribución espacial de los contactos sinápticos se concentran en los espacios libres que dejan las placas asociadas a la enfermedad. Por el contrario, en las regiones cerebrales más distales a estas estructuras, los contactos sinápticos se distribuyen de forma aleatoria.

El investigador del Instituto Cajal Javier de Felipe del CSIC, que desarrolla su actividad en el Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid y que ha liderado la investigación, considera que “estas alteraciones sinápticas suponen una perturbación en las conexiones interneuronales, lo que podría explicar, en parte, el deterioro cognitivo asociado a la enfermedad de Alzheimer”.

Esta dolencia afecta a unos 35,6 millones de personas en el mundo y, a pesar de haber sido descubierta hace más de 100 años, De Felipe señala que “aún hoy se desconoce cómo y porqué ciertos circuitos corticales normales se alteran e inducen el deterioro cognitivo”.

Los trabajos donde se toma más café


Hace poco, la compañía Dunkin’ Donuts y el portal de empleo CareerBuilder se unieron para averiguar en qué profesiones se consume más cafeína. Así identificaron que en Estados Unidos los que más cantidad de café beben a diario son los científicos, algo que los investigadores atribuyen a que “sus experimentos a veces duran más de 24 horas y rompen su ritmo circadiano”. Les siguen en la lista los que trabajan en relaciones públicas y márquetin, los administradores del ámbito educativo, los editores y escritores, los administradores de salud, los médicos, los cocineros, los profesores, los trabajadores sociales y, en décima posición, los expertos en finanzas.

Además, según el estudio el 46% de los trabajadores asegura que es menos productivo cuando no bebe café.

Seis ventajas de tener amigos cerca


Una "droga sana". La ausencia de amigos es tan malo como el alcoholismo o la adicción al tabaco. Un estudio realizado por Julianne Hold-Lunstad, de la Universidad de Brigham Young (EE UU), y publicado en PLoS Medicine estimaba que la falta de relaciones sociales equivale a fumar más de 15 cigarros al día. Tras realizar un seguimiento a 300.000 personas durante siete años, Hold-Lunstad y sus colegas demostraron que no tener amigos es más perjudicial para la salud que llevar una vida sedentaria o, incluso, ser adictos al alcohol.

Aumentan la longevidad. Tras realizar un seguimiento a 1.500 personas durante una década, científicos australianos han llegado a la conclusión de que en los individuos con un amplio círculo de amigos el riesgo de fallecer se reduce un 22%. “Estar conectados con otros es esencial para vivir más años”, concluían los investigadores en la revista Journal of Epidemiology and Community Health. Si somos víctimas del cáncer, el efecto resulta aún más evidente. En 2006, un estudio de la Universidad de California (EE UU) sobre 3.000 mujeres que padecían cáncer de mama reveló que las enfermas sin amigos íntimos eran cuatro veces más propensas a fallecer debido al tumor que las que tenían diez o más amigos.

Todo corazón. Un reciente estudio de la Universidad de Duke (EE UU) con un millar de pacientes solteros afectados por patologías cardíacas reveló que, transcurridos cinco años, solo sobrevivía el 50% de los enfermos que no contaban con un amigo de confianza, frente al 85% de supervivientes entre aquellos pacientes que tenían al menos una relación de amistad sólida.

Amigos de la infancia. El papel que juegan los amigos en la infancia es crucial. Por un lado, evita la obesidad porque, según un estudio publicado en Annals of Behavioral Medicine“la socialización actúa como sustituto de la comida” y evita el abuso de alimentos que potencian el sobrepeso. Además, Russ Jago, de la Universidad Bristol (Reino Unido), ha demostrado que la actividad física de los niños aumenta considerablemente cuando juegan con sus mejores amigos. Por otra parte, la depresión en la infancia está directamente relacionada con la ausencia de amigos, como ha comprobado William Bukowski en una investigación publicada en la revista Development and Psychopathology.

Cambian tu cerebro. Usando resonancia magnética funcional, John Cacioppo y sus colegas de la Universidad de Chicago (EE UU) han demostrado que tener amigos modifica el funcionamiento del cerebro, concretamente de la región del estriado ventral, asociada a las recompensas. Según los autores del estudio, las neuronas de esta región se activan en mayor número y con más intensidad si estamos bien acompañados que si llevamos una vida solitaria. Un dato a tener en cuenta dado que el estriado ventral es un área crítica para el aprendizaje.

Camaradas analgésicos. Es mejor ponerse una inyección o curarse una herida en presencia de un amigo. Según un estudio publicado hace algunos años en la revista Psychosomatic Medicine, la percepción del dolor se reduce cuando una persona a la que consideramos cercana está físicamente presente. 

Cerebro de delincuente


Los 96 reclusos forman en fila india. Es su último día en prisión, pero antes de salir a la calle tienen que pasar por una última prueba: el detector de futura criminalidad. De uno en uno entran en la sala donde los médicos les colocan una especie de casquete. Sentados frente a un ordenador, los todavía reos tienen que responder a preguntas y usar unos videojuegos. Parece un examen del carné de conducir. Pero no les vale haberse entrenado ni saberse las respuestas. Al otro lado del cristal, un monitor va procesando sus estímulos cerebrales. Al ver los resultados de uno de ellos en pantalla, el doctor Khiel lanza una mirada cómplice al alcaide: “Este”, apunta. No necesita decir más. El director de la cárcel se vuelve hacia su ayudante: “Toma nota. El recluso 4.567 quedará libre, pero con vigilancia especial. Antes de que pasen cuatro años lo volveremos a tener aquí”. No es una película. Y, si lo fuera, no sería muy original, porque Spielberg, en su adaptación del relatoMinority report de Philip K. Dick (1956), ya usó un argumento similar. Pero si quisiéramos hacer una nueva versión de la película, la frase de que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” no se podría usar. Más bien, para ser justos con los derechos de propiedad intelectual, en los títulos de crédito debería figurar otra que dijera: “Basada en una historia sacada de Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en su versión recogida por Science yNature”. No es poca cosa como fuente de inspiración: se trata de tres de las publicaciones científicas más importantes del mundo.
Las bases reales de este supuesto guion se están escribiendo en estos momentos. Las pruebas de neuroimagen son una herramienta cargada de posibilidades entre los investigadores. En este caso se utilizaron para medir la probabilidad de reincidir de un grupo de convictos. Y en ciencia, ya se sabe, después del primer paso vienen los demás. Y la idea de predecir el comportamiento —más aún el criminal— por métodos científicos es tentadora. Ya lo intentó Cesare Lomboso en el siglo XIX, con su intento de identificar y clasificar a los delincuentes en particular o a las personas en general por su aspecto. La teoría, nunca comprobada, tuvo bastante éxito, y sus coletazos llegaron hasta Antonio Vallejo Nájera e incluso a Gregorio Marañón. El franquismo en España intentó usar algo similar para identificar a rojos y otros desafectos, con sentencias en las que “la mirada” o “el prognatismo” se asociaban a comportamientos perseguibles.
En este caso, se utilizó neuroimagen para ver qué pasaba en una diminuta porción del cerebro, el córtex del cíngulo anterior (CCA). En concreto, los investigadores de la ONG Mind Research Network de Albuquerque (Nuevo México) consiguieron el permiso para estudiar el cerebro de 96 hombres justo antes de salir de prisión. Los sometieron a una serie de preguntas y pruebas en las que tenían que poner en juego su sistema de toma de decisiones o inhibir sus respuestas más impulsivas. Con la resonancia magnética midieron la actividad del CCA de cada uno durante el proceso.

El mayor mapa genético del cáncer

Ningún oncólogo cree a estas alturas que el equivalente moderno del doctor Fleming vaya a descubrir la penicilina contra el cáncer, algún tipo de fármaco o procedimiento médico de aplicación general que suponga el verdadero vuelco en el tratamiento antitumoral, que convierta al matarife en una enfermedad curable o, al menos, crónica y controlable. No va a haber una penicilina del cáncer, y ya nadie la está buscando.

Pero la mitad de los cánceres ya se curan, como repite sin cesar cualquier oncólogo. Y la guerra contra la otra mitad se está librando ahora mismo en dos frentes esenciales. Uno se refiere al tema eterno del diagnóstico precoz, que pese a sus orígenes prehistóricos no ha perdido un ápice de importancia en nuestros días. Y el otro es la genómica, el nuevo cuerpo de conceptos y tecnologías del ADN que está revolucionando la biología en su conjunto, y la investigación del cáncer en particular.

Con ser una disciplina nueva, la genómica del cáncer va cumpliendo un decenio y ha vertido ya un Iguazú de nuevos conocimientos sobre la oncología, siempre sedienta de ellos. Los primeros esfuerzos en genómica del cáncer se centraron en las mutaciones heredadas que confieren una alta propensión a la enfermedad. Este tipo de alteraciones heredadas (o mutaciones de la línea germinal, en la jerga) son al fin y al cabo la gran especialidad de la genética desde sus orígenes en el huerto conventual de Gregor Mendel.

Pero el gran avance de las técnicas de secuenciación de ADN —y sobre todo su acelerado abaratamiento— ha permitido ahora catalogar las mutaciones somáticas (no heredadas, sino surgidas en el cuerpo del adulto) que dirigen el crecimiento de los principales tipos de tumores. Los grandes cerebros del sector dan cuenta del estado de la cuestión en cuatro artículos de la revistaScience y dos números especiales de su subsidiaria Science Signalling. Los datos revelan un filón de nuevas vías abiertas para el tratamiento de los principales tipos de tumores.

Uno de los grandes problemas de la lucha antitumoral, se dice a menudo, es que el cáncer no es una enfermedad, sino 200 distintas. Esta es una de las razones de que nadie espere la píldora del doctor Fleming, y el alud de datos de la genómica moderna ha empeorado aún más el cuadro. La primera impresión que ofreció ese atracón de secuencias genéticas (gaatgtta…) fue que no solo había 200 enfermedades distintas, sino que encima cada enfermo es un mundo.

Viaje a la Estación Espacial por la vía rápida


Menos de seis horas han tardado los tres pasajeros de la nave espacial rusa Soyuz TMA-08M en llegar a su destino, la Estación Espacial Internacional (ISS). Es todo un récord ya que los vehículos tripulados tardaban hasta ahora dos días en alcanzar la base orbital, situada en órbita terrestre a unos 400 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre. Los rusos Pavel Vinogradov y Alexander Misurkin, junto con el estadounidense Chris Cassidy, despegaron del cosmódromo de Baikonur (en Kaszajstán) ayer por la tarde. Estaba previsto que atracaran en la ISS a las 5 horas y 49 minutos del despegue, pero incluso ahorraron cinco minutos sobre el plan previsto. La vía rápida para el viaje a la base ya la habían ensayado los rusos en tres ocasiones con naves automáticas de carga, pero esta ha sido la primera vez que se ha realizado con astronautas a bordo.
La modificación del plan de viaje, con mejoras en las computadoras tanto de control de vuelo como en la misma nave, y los cálculos refinados de los expertos en balística han permitido reducir el viaje, que en realidad transcurre casi todo dando vueltas a la Tierra, de las 34 órbitas (unos 90 minutos cada una) habituales a cuatro, antes de atracar en la ISS. Para tomar el atajo espacial hay que ajustar con precisión el lanzamiento teniendo cuenta la posición de la base orbital en el momento de la partica y los encendidos de motores de la nave. Un vuelo a la estación espacial, tras el lanzamiento (la nave se separa del cohete a los nueve minutos de despegar), exige varias maniobras de encendido de motores para ir elevando la órbita de la Soyuz hasta alcanzar la de la base permanente en el espacio. Para los tripulantes, la vía rápida significa comprimir las operaciones del viaje que tienen que cumplir.
Como una nave Soyuz puede volar unos cuatro días, al acortarse el vuelo de ida queda aumenta el tiempo remanente de funcionamiento, incluido combustible, lo que significa un mayor margen en caso de emergencia, recuerda Space.com. Las naves Soyuz permanecen atracadas en la ISS y en ellas regresan los astronautas. Pero además, son los únicos vehículos de emergencia en caso de que los tripulantes deban, por algún motivo, abandonar la estación, luego el ensanchar su tiempo de operación supone aumentar el margen de seguridad que brindan. Los ingenieros rusos están intentando recortar más aún el viaje y dejarlo en dos órbitas, en lugar de las cuatro que han realizado ahora los tres astronautas.
Para los tripulantes el viaje debe ser más cómodo, dado que no tienen que permanecer dos días enteros más bien apretados en el reducido espacio de la Soyuz y llegan antes a las amplias dependencias de la base orbital. Para las agencias espaciales, la vía rápida supone también ahorrar dinero, porque se reduce el tiempo que tienen que estar los expertos de control de vuelo pendientes de la operación, según ha comentado la NASA.

El Hierro, en alerta sísmica amarilla por un aumento del número de terremotos

Otro terremoto de magnitud 4,6 ha sacudido la isla de El Hierro a las 10.59 hora local (una más en la Península). Inicialmente, el Instituto Geográfico Nacional lo catalogó como de 4,9, lo que lo convertía en el mayor de los que se han sentido en la isla desde que comenzó la crisis volcánico-sísmica en julio de 2011. Aun así, hoy van al menos tres terremotos sentidos (de 4,6, 4,5 y 3,6).

El centro del movimiento se encuentra al oeste de la isla, que es donde se han producido la mayoría de los terremotos del repunte de actividad que comenzó a mediados de marzo. Esta oleada alcanzó su día de más actividad –hasta la fecha- el 25 de marzo, con 232 terremotos. En verdad, la tierra no ha dejado de temblar desde que empezó el proceso hace dos años, pero la inmensa mayoría de los movimientos eran pequeños y no han sido notados por la población. Lo normal, para que esto ocurra, teniendo en cuenta que el foco está en alta mar y a unos 20 kilómetros de profundidad y que está a una distancia de entre 12 o 15 kilómetros de la costa, es que el seísmo tenga que ser de más de magnitud superior a 3 para que se noten.

El aumento de actividad llevó a la Consejería de Seguridad del archipiélago a activar el plan de protección antes riesgo volcánico (Pevolca) en fase de pre-emergencia el 27 de marzo. Desde entonces el otro indicador, el semáforo sísmico, está en amarillo. Según la web de la consejería, “esto significa que hay que prepararse ante una evolución desfavorable del fenómeno, y lo más importante es estar atentos a los mensajes oficiales de prevención y autoprotección que serán específicos para las zonas de riesgo”.


El plan de protección civil supone de momento el corte de alguna carreta menor (HI 50 entre el Cruce de La Tabla y Sabinosa y la carretera de acceso a la Playa La Madera, del Pozo de la Salud hasta la confluencia con la HI 503) por riesgo de desprendimientos, y, más importante, el del carril más cercano a la montaña de la autovía que une a la capital de la isla, Valverde, con la ciudad más importante económicamente, La Frontera, al norte de la isla. Ambas localidades están unidas por una carretera que permite llegar de una a otra en unos 20 minutos gracias a un túnel que atraviesa la montaña. Hace dos años, el cierre del túnel ante el riesgo de desprendimientos supuso un gran quebranto, porque la ruta alternativa es por medio de una carretera de montaña por el centro de la isla, que podía triplicar el tiempo del trayecto.

En cambio, los movimientos no han supuesto que se haya reactivado el foco volcánico de La Restinga, al sur de la isla. Esta localidad fue la más afectada por el inicio del fenómeno, ya que al abrirse bocas submarinas se cerró el puerto, lo que dejó a la población sin actividad. La Restinga es un enclave que depende del Ayuntamiento de El Pinar, en el interior de la isla, y que vive de la pesca y los clubes de buceo. La población fue desalojada un par de veces ante el riesgo de que los gases de las emisiones submarinas llegasen a tierra firme.